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miércoles, 20 de mayo de 2009

"PESADILLA EN ELM STREET 2 . LA VENGANZA DE FREDDY” (1985). ASPECTOS HOMOERÓTICOS EN UNA PELÍCULA DE TERROR PARA ADOLESCENTES YANKEES. (y II)

Desde la primera secuencia en la casa ya hemos advertido el uso de insertos, algunos hasta soeces, pero que funcionan como perfectos indicadores, (el tomate ROJO, los huevos en la sartén, los discos, las miradas fuera de campo).
Enseguida, tras la puerta roja de la casa, aparece Lisa, la que pasa por ser la novia de Jesse y juntos se acercan al coche azul de Jesse.

Más importante es la “intervención cromática” que Sholder elige para transmitir la psicología, (cambiante) de los personajes y de sus intenciones, (conscientes o no). Así, la casa de Elm Street está decorada en tonos verdosos y neutros poco saturados, como lavados pero... ¡Oh invención! la puerta de acceso está pintada de un rojo profundo, como puerta al horror o a los deseos sexuales no consumados.


Enunciamos que la puesta en escena se marca sobre todo en el vestuario de los personajes y privilegia un uso extenuante del color rojo y su simbología, enfrentado a los azules. Queda claro que el rojo se usará para sugerir los deseos homosexuales y los azules para señalar la “normalidad” de lo straight. Así a Jesse se le mostrará normalmente con ropas en tonos azules y solo de rojo en los sueños y cuando su deseo se enciende y hace evidente, (por ejemplo, cuando durante el sueño en clase una serpiente pitón se le enrosca). A Grady se le mostrará siempre de rojo, como objeto de deseo de Jesse. En realidad con cada personaje, hasta con el simple figurante, se puede aplicar esta simbología del color y no exagero un ápice.


Otro aspecto destacable es el sadismo, que se da no solo en Freddy/Jesse, sino también en el padre y en el entrenador Schnaider, que castiga a Jesse y a Grady a una interminable tanda de flexiones, durante la que Grady espeta entre bromas que han sido castigados porque Jesse es “del tipo” de Schneider. Después de que se les levante el castigo y mientras comparten una ducha, Grady no ahorra a Jesse ninguna pregunta en relación a sus “circunstancias”. En cambio, en otra de las sucesivas escenas de duchas que comparten, Grady le preguntará a Jesse si recuerda lo que sueña a lo que este llegará a contestar con ojos candorosos: “Solo los húmedos”.


Enseguida se vuelve a hacer noche en la casa de Elm Street. La temperatura es infernal y los objetos se derriten y funden, (de nuevo Dalí). Vuelve a aparecer Freddy Krueger que tras jugar con Jesse en sus lugares comunes de la casa, (el sótano, a pié de la escalera), le hace el ofrecimiento del “pacto”: “tú tienes el cuerpo y yo el cerebro”. Jesse encontrará el guante de cuchillos envuelto en un trapo azul: testimonio de que con este puede "cortar" sus deseos homoeróticos.


En este sentido, todavía es más interesante la siguiente secuencia nocturna en la que Jesse pasa del sueño a un estado de realidad no concretada por medio de las sensaciones térmicas, que han agobiado ya desde la primera secuencia a toda la familia Walsh. El calor infernal se convierte de repente en un frío helador, cuando Jesse baja las escaleras de la casa de Elm Street, (todavía viste de azul). En la siguiente escena lo vemos de nuevo con camisa abierta (roja) buscando el calor en un bar de ambiente, (que parece sacado de “El ansia”), el mismo en el que Grady rumoreaba haber visto entrar al entrenador Schnaider. Es precisamente este, vestido de leather en medio del sofocante rojo, el que le agarra del brazo a Jesse. Desde allí, sin continuidad, Jesse llega a la cancha del instituto por un recodo teñido de luz roja de esta. El entrenador le ordena que tome una ducha mientras en la habitación contigua prepara un quit de látigos y otros juguetes eróticos para el esperado acto sexual. El personaje abiertamente homosexual pagará bien cara sus intentona, ya que el guante de Freddy aparece entre vapores y lo desgarra, el mismo guante que aparece a continuación en la mano de Jesse… Al final de la secuencia Jesse, desnudo, es llevado a casa por dos policías, (interesante la sensualidad de ébano y el silencio perturbador de uno de ellos, con un sospechoso profiláctico plástica a modo de protección sobre la gorra del uniforme, (ahora llueve).


Especialmente articulada se presenta en el sentido cromático la larga secuencia de la barbacoa: El espacio está saturado de azul en todo, las sillas, los platos, la gran mancha acuosa de la piscina… En la barbacoa, un muchacho con un gran gorro rojo. Jesse aparece vestido de azul. Lisa, su novia que le ha ayudado a desentrañar la historia de Freddy Kruger que obsesiona a Jesse, se lo lleva al vestuario de la piscina y todo parece indicar que se va a producir el acto sexual, pero… ¡Oh sorpresa! Cuando Jesse está sobre Linda, que lo estrecha fuerte, (violenta), una canción de Pet shop boys, (definitivamente gay), comienza a sonar dietéticamente, cada vez más sonoramente y Jesse comienza a transformarse en Freddy. De su boca sale una larguísima lengua del color del glande, a lo que Jesse reacciona, lógicamente, horrorizado. Jesse es incapaz de proseguir y huye para refugiarse,-vaya- en el dormitorio de Grady que, -casualmente- no ha asistido a la fiesta. Tras lanzar un torrente de dudas y temores inconexos, que Grady no entiende sino como una forma de echarle los tejos, este accede finalmente al ruego de Jesse: “sólo vigílame mientras duermo”. Para más inri, Jesse duerme sobre un sofá azul mientras que Grady no ha salido ni un instante de sus sábanas rojas. El deseo no ha sido consumado y hay que matarlo. Así que Freddy rompe literalmente a Jesse, como Cronenberg visualizaría años después en "Almuerzo desnudo", para salir de él y rasgar con su guante el bello torso de Grady. En un abrir y cerrar de ojos, ante el cadáver de Grady queda solamente Jesse… y su guante de cuchillos. Como no podía faltar en este tipo de cine, Sholder juega con el recurso de los reflejos dobles en espejos y Freddy se asoma desde el otro lado, (¿O es Jesse quien se refleja en Freddy?). El joven huye ahora alarmado a la fiesta adolescente y en presencia de Lisa, al sentirse de nuevo acosado por la curiosidad de ella, vuelve a transformase en Freddy. Pero la chica sabe rehuirlo y enfrentarlo o el monstruo no termina nunca de poder herirla. Así que Freddy/Jesse va a saciar sus ansias de venganza a la piscina, donde el agua ya hierve. Se sucede la climática matanza. Un muchacho, que viste completamente de azul eléctrico, se le aproxima y trata de calmarlo, pero como castigo no es cortado sino arrojado al rojo fuego… Lisa regresa y el miedo vuelve a aparecer en los ojos de Freddy, en los que ella reconoce los de Jesse. Jesse/Freddy escapa.


Estamos cerca del desenlace que tendrá como escenario la fábrica, como organismo vital de Freddy Krueger, ya que entre sus muros coloreados ahora de rojo y azul cometía sus crímenes. Lisa acude en busca de Jesse cuando las hormigas salen de sus miembros, justo donde Freddy/Jesse había mordido durante el ataque. Ella las barre con la mano, (otra vez Buñuel y su idea del deseo no consumado) y no se da por vencida, toma la iniciativa, se implica y resuelve el conflicto con un beso a Freddy que lleva al monstruo a autodestruirse inmolándose en el rojo fuego. De la carne carbonizada resurge de nuevo Jesse preparado para la vuelta a la “normalidad” y dispuesto a ser alienado. El azul aniquila definitivamente al rojo en el cuadro cuando Jesse abraza a Lisa.


Estos son solo algunos aspectos, los más formales, (pero jugosos), para una lectura homoerótica de la película. Queda por preguntarse si definitivamente son todos estos conscientemente buscados. La respuesta podría estar en el casting de Mark Patton, que años después cuenta como los productores de la película se dirigieron a él para audicionar, siendo abiertamente gay, y como una vez en el set, todos los miembros del equipo conocían su condición homosexual. En cuento a Sholder, muchos elementos temáticos de "Freddy revenge", tendrán continuidad en "The Hidden" su sucesiva película, con un tratamiento mucho más refinado dentro de un tema equivalente, viniendo a demostrar una vez más las tendencias homoeróticas dentro del cine de terror.

"PESADILLA EN ELM STREET 2 . LA VENGANZA DE FREDDY” (1985). ASPECTOS HOMOERÓTICOS EN UNA PELÍCULA DE TERROR PARA ADOLESCENTES YANKEES. (I)


Tenía recuerdos demasiado vagos de “Pesadilla en Elm Street 2. la venganza de Freddy” por la mala calidad del VHS que alquilé y por que con trece años me dejé llevar más por la primera parte de la serie, la película original entendida como una obra cerrada en sí misma y, sobre todo, por la cuarta parte, en la que Freddy tiene una presencia casi continua.

La segunda película de Pesadilla en Elm Street, representa un islote aislado dentro de la serie, ya que Wes Craven “fundará” la franquicia solo a partir de la tercera entrega, obviando esta secuela y sin que ninguna parte relevante de la misma tenga presencia en las sucesivas cinco películas. En realidad, poco tiene “Freddy revenge” del mundo fantasioso y “onírico dado la vuelta” bien entendido por Wes Craven, si no son dos o tres elementos que rescatan la imaginería de la casa de Elm Street y resultará una enésima revisitación del mito de Fausto, después de Jekyll y Hyde, Dracula o Dorian Gray, a pesar de algunos elementes extraídos de hits del Terror como "Amityville", "El exorcista" y hasta de "Los pájaros", que quedan como oscuros lunares y desmerecen de este drama psicológico. Digamos que “Freddy Revenge” sería Buñuel a lo que las otras seis películas Lynch.

Ya desde el comienzo con el resalto de “Nightmare” en letras rojas por encima de “Elm Street” y “Freddy revenge” se nos adelante que el interés de los factores del mismo no está en Freddy, ni en Elm street, sino en presentar una pesadilla en sentido ampliamente romántico.

La luz de la película emerge sobre todo del protagonista, Mark Patton, un actor que ganó el rol a algunas estrellas de hoy, un rol que vale por una carrera, la misma que le costó su interpretación, demasiado buena, y aquí aparecer otra dicotomía que marca la película: Sin alguien como Patton la transmisión de esos aspectos homoeróticos que vamos a intentar señalar hubiese resultado ininteligible; pero el público no esperaba (ni demandaba) calidad interpretativa, y aquí nos introducimos en la materia.

Pienso que el asfixiante transfondo homoerótico que contiene la película de Jack Sholder se hace mucho más tangible por las miradas torridas de Jesse, (Mark Patton) y sus arrebatos over the top que por toques como el bailecito en su habitación, decididamente gay. Ya en la secuencia (onírica) de presentación, dentro de autobús escolar, llama la atención el aspecto casi cadavérico y sin embargo sudoroso del protagonista, con su presencia andrógina de estrella GLAM y psique torturada. Unos asientos más adelante, dos petardas no dejan de comentarle entre ellas. El bus comienza a aumentar su velocidad. La inquietud surge. Tras una carrera desenfrenada por la ciudad de Springwood y de allí al desierto, el cielo se oscurece la tierra arenosa se hunde bajo el bus escolar y surgen tres pilastras naturales de piedra, falos, que parecen sacados de algún cuadro de Dalí, sobre las que queda suspendido el bus. Entonces el rayo eléctrico, que da la vida, castiga su cubierta, como cuando Frankenstein creó a su criatura. Solo entonces el conductor del autobús, que no es otro que Freddy Krueger, se alza amenazando a los estudiantes hacinados al fondo el bus, con su sempiterno guante de afiladas garras metálicas. El bus va perdiendo su equilibrio entre dos falos de piedra y Jesse se acerca a Freddy para afianzarlo: El monstruo de la mente de Jesse ha nacido. A partir de entonces la película podría haber funcionado incluso mejor, sin Robert Englud haciendo de Freddy y el propio Patton desempeñando el doble rol, e incluso me aventuraría a afirmar que bajo el grueso maquillaje muchas veces está Patton y no Robert Englud.

En realidad, el psicópata asesino en serie Krueger, luego convertido en poderoso demonio nocturno, no es más que una excusa para la obsesión de Jesse; la historia de los que sufrieron por el monstruo, incluso murieron en su propia casa, solo es la chispa del rayo para encender el ser íntimo de Jesse. Entonces, la conjunción de la obsesión y las debilidades propias… ¿No podrían ser la puerta para la aparición del psicópata, que con sus crímenes aliviase el sufrimiento que le provoca una identidad sexual no admitida?

En la habitación de Jesse, el adolescente, predominan las formas fálicas, con la omnipresente raqueta, en la cabecera de la cama. Amanecemos en la realidad. Jesse se levanta de la cama. Solamente un fino calzoncillo tapa sus miembros sexuales, (que veremos en la siguiente secuencia cuando durante una pelea con Grady, su compañero-confidente, este le baja los pantaloncitos de fútbol). Conviene resaltar que durante ¾ partes del metraje Jesse muestra alguna desnudez corporal. Jesse baja a desayunar. En la cocina nos encontramos el clásico desayuna american way of life. La discreta presencia de Hope Lange como la madre del protagonista afianza la lectura camp. El personaje del padre, (sin bien no está demasiado desarrollado), trata a su hijo como una proyección de si mismo y de sus confusos deseos homoeróticos soterrados, que la mujer-madre termina siempre de ahogar. Afortunadamente esta trama Padres-hijo queda a la sombra de la trama principal de la identidad sexual y se nos ahorra el conflicto generacional. Otro apunte interesante está en el personaje de la hermanita de Jesse, siempre punzante y ostentosamente femenina aún en su niñez. Su presentación la muestran embutiéndose en los dedos de una mano unas largas uñas, (rojas) que ha encontrado en su caja de cereales, bajo la aterrada mirada de Jesse.

viernes, 15 de mayo de 2009

DÉJAME ENTRAR



Huyo de cualquier manifestación artística cuando suena ruído alrededor. Así, probablemente he perdido la oportunidad de ver, por el momento, de sentir, tocar o escuchar ciertas cosas de valor.


Sin embargo, esta vez me dejé conducir por mi intuición a una sala de cine para ver DÉJAME ENTRAR, (Låt den rätte komma in), película escrita por John Ajvide Lindqvist en la que Tomas Alfredson ha encontrado material para plasmar lo sublime.


No diré mucho más, prefiero comulgar con ella, solamente comentaré algo en lenguaje poético, el más acertado para referirse a esta obra: este a modo de cuento cruel, (y perverso) es como una tabla preciosa llena de matices, de texturas, de veladuras. Aún se advierte aquí y allá algúna mancha, algún craquelamiento que nos devuelve a la tierra y nos hace recordar que el cine es un arte manual.


Decía que esta película casi nos hace contemplar la belleza ideal, esa que está en nuestros cerebros y nuestros corazones.

miércoles, 25 de marzo de 2009

LOS ABRAZOS ROTOS


Esta película me ha fascinado más de lo que podría haber imaginado cuando compraba la entrada y aún antes.

Durante una de las escenas, justo la que recoge la imagen de encima, a mi memoria volvían unas pocas palabras inconscientemente pronunciadas por mí mismo durante una comida en un caluroso polígono, el verano pasado: "El arte parece malo", sentencié ante dos decoradores con goya. Mi snobismo, siempre roto por mí aceptada humillación, (de entonces y de ahora) y mi reconocimiento absoluto de los méritos de esta película valgan para absolverme.

Dudo mucho que Los abrazos rotos contente al espectador medio almodovariano, un patrón de espectador que por desgracia conocemos muy bien en este país. No por nada, el público de la sesión de tarde de la que acabo de regresar parecía desaletargarse solamente en el epílogo de la película, en el que el director se auto-parodia bien conscientemente, reuniendo todos los clichés de su cine, esos mismos que ostentaba su lamentable cortometraje, estrictamente coetáneo La concejala antropófaga, (¿Una campaña publicitaria bien ardida de cara al auténtico mazazo que supondría la película para ese espectador almodovariano?)

El caso es que cuanto menos almodovariana se hace la película más personal parece ésta y crece la potencia del genio. En este sentido, indudablemente ha contado en el éxito de la película la participación de Rodrigo Prieto como Director de fotografía y de Antxón Gómez como decorador. Almodovar ha aprendido con ésta película que menos es más. No solo la planificación sigue siendo, como en La mala educación invisible y los ambientes menos abigarrados de lo acostumbrado en su cine, sino que ha logrado lo que solamente los grandes de verdad lograron: Que el tiempo fílmico se detenga, se estire infinitamente y nos lleve con él como en una placentera ensoñación.

Pero lo más importante es que, tal vez por primera vez, Almodovar ha demostrado una auténtica sinceridad al reconocer sus modelos fílmicos, en esta ocasión: Hitchcock, De palma, Malle, Zulueta, Rossellini, Fellini o Bergman, algunas de cuyas películas "escucha" cual Borges, Harry, el personaje de Homar, o son nombradas durante el metraje. Y si no se menciona a Antonioni al menos se saca a relucir un libro de Tonino Guerra, el guionista del cineasta de Ferrara, porque sin el cine de Antonioni no se entendería una película como esta, ni tendría a penas razón de ser, (se piensa en La aventura, Identificación de una mujer y, sobre todo en Blow Up).

Ni que decir que los actores y actrices están soberbios, con especial mención a Lluís Homar, antológico y a Blanca Portillo, que Almodovar a trabajado como una auténtica sosias de Glenda Jackson. El único lunar que afea la labor de conjunto es el muy deficiente Tamal Novas en un papel clave.
Se me perdone lo apresurado de esta entrada, pero he preferido escribir casi sin pensar, llevado por mis impresiones tras volver a casa tras el visionado.
Mis sinceras felicitaciones y toda mi admiración a los factores de esta gran película.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

AUTUMN LEAVES, LA SOLITARIA QUE ENCONTRÓ A SU AMADO.








Queridos Todos,
Un blog como este no podría volver de entre los muertos sino con un artículo a la sombra de la gran Joan Crawford!
Su interpretación favorita es curiosamente mi película absolutamente favorita de entre las de ella: "AUTUMN LEAVES", (“Hojas de Otoño”,1956)
Pero comencemos con las palabras de la propia Crawford, que no duda en calificar su película como "best older woman/younger man movie ever made," –añadiendo- "Everything clicked on Autumn Leaves. The cast was perfect, the script was good, and I think Bob [Aldrich] handled everything well. I really think Cliff did a stupendous job; another actor might have been spitting out his lines and chewing the scenery, but he avoided that trap. I think the movie on a whole was a lot better than some of the romantic movies I did in the past...but somehow it just never became better known. It was eclipsed by the picture I did with Bette Davis".
Aparentemente esta es la historia de una mujer resignada a su soledad y de un chico misterioso y morboso que se siente atraído por mujeres mayores, pero veremos, veremos que pasa tras los primeros veinte minutos de proyección…
Desde las colinas doradas de la decadencia vemos una de las cumbres del cine camp, (o el así denominado). Todavía me recuerdo a mi mismo sentado en la segunda fila de la pequeña filmoteca de mi Ciudad del Viento, encajada en el pianterreno de un palacio del renacimiento, junto al patio de alabastro. Y recuerdo también las risas y comentarios de los otros espectadores suscitados por una película que yo, sin embargo, tomé muy en serio.

Hagamos un poco de memoria histórica, (quiero decir, tranquilicemonos): El emergente director Robert Aldrich encontró en el guión de Jean Rouverol y Hugo Butler un medio para alejarse de las películas estilizadas y sádicas, (sadismo intencionado, se entiende), producidas para un público mayoritariamente masculino. Muchos quedaron desorientados al ver el nombre de Aldrich a la cabeza de esta woman picture (algo especial) después de "KISS MY DEADLY" (1955) y "THE BIG KNIFE" (1955), adaptaciones de la literatura pulp desde una óptica completamente diversa a la de un Kubrick.
La estrella de “HOJAS DE OTOÑO” era Joan Crawford. Tras una iniciales visicitudes por los recovecos del rol, la relación entre la Crawford y Aldrich fue cordial y comunicativa.
Para el papel principal se propuso al joven Clift Robertson, un virtual desconocido en Hollywood si exceptuamos su papelito en “PICNIC”, (1955). Parece ser que el actor fue personalmente audicionado por Joan en su propia casa. La Crawford todavía se podía permitir esto en una película de presupuesto medio, y, efectivamente, la química entre Crawford y Robertson, (con 21 años de diferencia entre ella y él) es remarcable. Lo demuestran esos largos minutos de besos calientes y desenfrenados, no ajenos al amour fou, que nos hacen cómplices de ellos. Solo se me ocurre como igual equivalencia de morbo a Christopher Plummer/ Capitan Von Trapp besando a Julie Andrews/Sister Maria en “SONRISAS Y LÁGRIMAS” (1965).

Es cierto que Joan parece un muchacho algo más que maduro…, (salvo durante el indescriptible gagg de la caseta de la playa, en el que muestra su prominente busto y sus salientes caderas), y que Clift parece el chico de la piscina del Hotel “todo incluído”, sí, pero la Joan madura Nunca estuvo tan hermosa y el joven Clift tan arrebatador y esto es esencial en una película en la que se hacen tan explícitas las necesidades sexuales de los personajes.

El resto del reparto está estupendo, con especial mención a Vera Miles, que demuestra la gran estrella que podría haber sido. Sabe mirar, sabe caminar, sabe articular la palabra y transmitir sensualidad con las inflexiones de su voz. En un papel tan difícil, (y tan ingrato). El primer catfight que comparte con la Crawford y su presentación en una aureola de misterio nos ayudan a imaginar como hubiese sido su Madeleine en "VERTIGO" (1958).

Arrojemos un poco de luz sobre la trama: "HOJAS DE OTOÑO" cuenta la historia de Millie Wetherby (Joan Crawford), una mujer de edad indeterminada, que poco tiempo atrás cambió los fríos bosques de Nueva Inglaterra, (Oh! las historias de mujeres venidas de Nueva Inglaterra), por las arenosas playas de California, donde sobrevive en un modesto bungalow mecanografiando trabajos ajenos. El resto es recuerdo, (pasó su juventud al lado de su padre inválido hasta que este murió), y soledad, excepto por las continuas visitas de su casera Liz (Ruth Donnelly). PALIMSEPTSTO: Yo mismo tengo una relación muy parecida con mi casera. FIN PALIMSEPSTO.
Una noche Millie camina algo resignada por las calles, tras asistir a un concierto. Es una noche especial y decide parar en un diner. Después de pedir una ensalada de pollo, un joven extraño, muy atractivo le pide con modos exquisitos si puede sentarse en su mesa, ya que el resto de asientos del local están ocupados. Burt Hanson (Cliff Robertson) dirá tras unas breves palabras intercambiadas "You know something? You're lonely". La relación progresa no sin visicitudes. “You should find a girl our own age”-le llegará a decir Millie-, pero Burt vuelve siempre a ella, que terminará cediendo al matrimonio.

Enseguida veremos que el tema central de la película no es la soledad unilateral vencida para pasar a ser compartida y como la engañamos a veces “en pareja”, sino la dependencia y como algunos críticos han señalado “el incesto”. Veamos: Liz, la vecina cotilla, quiere a su hermano, del que siempre habla y que depende de ella, Millie quiso a su padre que a su vez la quería y dependía de ella y Burt, directamente, busca a una madre que le proteja de de su padre y de una fuerza perversa que no contaré aquí para no estropear el visionada del film, y querrá a Millie para salvarse a sí mismo.
Como hemos adelantado antes, esta es la película de las falsas apariencias. El mismo conflicto principal cambia a una pesadilla incestuosa y edípica cuando Millie descubre la verdad de Burt. Esto es, en la secuencia estilísticamente más lograda del largometraje y la más emotiva, que sucede en algún centro recreativo de vacaciones. Millie/madre ordena a su marido/hijo que suba a encontrarse con su padre. Burt obedece. Pero cuando Millie cae en lo cierto corre tras de él. El resultado: Nos es suficiente con ver por los ojos de ella a Burt apoyado contra la pared y cabizbajo, (¡Pobre diablo” y sin embargo tan guapo…) frente a una puerta abierta. Millie/Madre se acerca a esta y asomándose encuentra una cama desecha y la puerta del cuarto de baño bien cerrada, mientras, Burt está perdido en un torbellino de pensamientos oscuros en el largo pasillo, (es difícil entonces no apiadarse del personaje o enamorarse de él).
Como se habrá podido imaginar, esta película se ve siempre a través de la óptica de Millie, algo distorsionada por su miedo hacia las acciones/reacciones de Burt, que lo muestran primero como un posible estafador, luego, en su ansiedad como un mentiroso compulsivo y finalmente, en su sacrificio como un enfermo mental. Será Ella quien lo proteja hasta sus últimas consecuencias, incluso si el chico, en un brote psicótico, aplasta su mano con la máquina de escribir, privándola de su instrumento de trabajo y de la posibilidad de ejercerlo. Pero cuando la sociedad, (encarnada en un gentil doctor) lo reclama insistentemente Millie/Madre no tiene más remedio que mandar a su hijo/amado/esposo a un sanatorio mental en el que se le freirá cualquier resquicio de sensibilidad para “recuperarlo”, (esto mostrado en una compleja secuencia, tal vez la única realmente desatada de la película, en la que los primeros planos de las sesiones de electroshock se alternan con los de ella pasando por los lugares amados o trabajando para pagar su internamiento).
La puesta en escena de Aldrich es, como siempre, visible, (esa plano de Joan acercándose al teléfono para denunciar a su marido, con el aparato distorsionado en primer término) y muy eficaz, como es sonoro y abierto el diálogo, con algunos de los diálogos más ocurrentes y brillantes de los años 50. Como en VERTIGO, se trata de mostrar las obsesiones, (sobre todo esquizofrénicas), de los personajes. La tensión siempre se mantiene alta, de una secuencia a otra, de un giro al siguiente y el final, (un poco tonto, afortunadamente poco melodramático) está a la altura.

La imagen es muy naturalista, un naturalismo que crea desasosiego, como no en Estados Unidos. La fotografía es en blanco y negro, (casi indispensable para retratar a Miss Crawford) y muy remarcable, aunque terminemos extenuados conociendo cada centímetro del mentón de la actriz y nada de su cuello, sabiamente dejado a la oscuridad, (cuando el cerco oscuro se abre mostrando parte del cuello, siempre es con una finalidad dramática).

Una Joan magnífica de busto y de intenciones dramáticas, tan entregada como siempre, hace todo lo que puede llegar a hacer una mujer-madre por el hombre que ama… Con ella los excesos siempre están garantizados.

Inauguro con esto una nueva etapa hacia el Over the top en la que no me hago responsable de mis propias palabras. Veremos...